Cleoo escribe...siempre lo ha hecho.
Jam es asiduo al Blog de Lucia Etxbarria :
http://www.lucia-etxebarria.com/diario/
Hace unos dias Lucia propuso un concurso de relatos de terror, lo comentamos en el coche y una madrugada de estas Cleoo escribio este relato, que se publico fuera de fechas del concurso.
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Se llamaba Mariana, y en el momento de conocerla supe que seria muy dificil olvidarla, porque la conoci sin querer, para ser olvidada y eso es precisamente lo que no pude hacer.
Era un dia cualquiera, y yo trabajaba, tenia turno de 8 a 3 del mediodia, apenas sin abrir los ojos me tome mi café con leche ( el primero del dia), me vesti, cogi el bolso, llame el ascensor, baje hasta el garage, subi al coche sin decir palabra, y me baje delante de la puerta de entrada que da a la recepcion donde paso las 7 horas justas que dura la mañana de mi jornada, acompañando a un telefono mudo, tras una mesa vieja pintada de azul. Mi trabajo es simple, vigilar que no suene sin yo estar, y apuntar los encargos en papelitos blancos para que se cumplan.
Tambien riego las plantas, y miro el cristal que tengo enfrente de mi vista por donde pasa la gente que no trabaja esas horas.
Vienen viajantes, albañiles, transportistas, agentes de seguros, medicos, policias, floristerias, pero sobre todo familias.
Es un lugar extrañó y tetrico para muchos, pesado, cuyo peso cae a pulso sobre sus visitantes como una losa, tiene un nombre oscuro incluso, que se nombra poco, pero para mi es solo el lugar de trabajo...
El tanatorio.
Llegue deprisa ese dia, y con mis tacones recorri una a una las salas abriendo las puertas por la parte de atrás, para entrar las flores, comprobar las neveras de los difuntos y repasar sofas, mesas, y sillas en orden.
Creo que fue en la Numero tres, o quizas entre la tres y la dos, que conoci a Mariana.
Ahora que lo pienso bien conoci primero a su abuela que el dia anterior vino para contarnos su historia, y pedirnos una capilla y el presupuesto de la factura que temia no poder pagar al contado, aunque a la mañana siguiente mas tarde trajo todo en metalico y le hice un recibo.
Pero al entrar no pensaba yo en ella, sino en mis cosas, y en tardar lo minimo para tenerlo todo a punto y volverme a sentar de vigilante del telefono,
con mis libretas, y libros de registro.
Por eso no me acorde de cuando escribi sus datos, su nombre, el domicilio de su familia, el nombre de sus padres, de sus hermanos, los telefonos, su lugar de nacimiento y su defuncion.
Ni recorde que la esperabamos esa mañana.
Ni imagine que ya estaba alli.
Alguien del personal la habia colocado en la capilla, con la luz medio en penumbra.
Pero yo la vi...
De sorspresa mis ojos se encontraron con ella.
Y recordaron su nombre.. Mariana.
Habia nacido dos dias atrás en un hospital de una ciudad a unos kilometros de aquí, habia vivido solo dos dias.
Su corazon se paró, simplemente no habia resistido el paso a la vida.
Cuando mire a Mariana lo primero que pense fue en los Nenucos de famosa, era igual de pequeña, la cabecita igual de redonda, y la nariz. Con su gorrito de lana, pelele y zapatitos, y sus manos de bebé.
Aunque ella con sus ojos cerrados dormia sobre una caja blanca diminuta que parecia de zapatos .
Me cogio tan de improviso que me quede enganxada al cristal como nunca suelo hacer, pues respeto siempre el descanso en las capillas.
Fue superior a mi, nunca habia visto un bebe difunto, ni imagine encontrar tanta belleza en tan pequeño cuerpo.
Mariana era muy bonita, de bien seguro que hubiera sido un bebe admirado en su cunita por todos cuanto la hubieran visto, de estar viva.
Pero no lo estaba, y yo alli, mirandola en una triste sala, sobrecogida.
Me pregunte si estaba yo preparada para verla, para ver tantos y tantos difuntos diariamente, sin llevarlos de alli, cuidando su descanso, entrandoles flores, incluso hubo un espacio de un instante en que casi decidi salir, marcharme de alli, para no ver mas Marianas que no pueden olvidarse, con
la piel amarilla, y seca.
Pero Mariana seguia alli quieta, con un osito de peluche a su lado.
No tenia todavia flores, pero yo tenia un clavel blanco en la mano que acabava de recoger del pasillo viniendo hacia las salas, y lo puse sobre la nevera fria, encima de Mariana.
Ella con su osito y su flor, emprendia el viaje de retorno.
No pude llorar, solo seguir mirandola, e interrumpir mi ritual laboral de primera hora, para pensar inutilmente en su inutil venir, si es que no lo era, si habia un sentido en su estancia breve en nuestro mundo que se me antojo que si lo habia de haber en alguna parte. Aunque no supiera en cual.Aunque fuera duro pensarlo.
Y entonces fue como si hubiese saltado un resorte dentro de mi que abrio Mariana con su leve sonrisa, y me acorde de mucho mas...
Del niño de la playa que no pudo volver con sus padres a casa despues de nadar, del pequeño marroqui que limpiaban con agua tres hombres mayores, de la señora Mercedes que vino de un geriatrico y estuvo dos dias sin visitas, y marcho sola para su entierro.
Del chico que dejo el perro sin amo, de la mujer que lloraba porque no se encontraba en su pais, y por su marido que estaba en un feretro y aun no sabia como habia llegado hasta alli.
De las dos hermanas que velavan a la hija de una de ellas con fervor cuidandose mutuamente, de la mujer que se limpiaba el rimel llorando por su enamorado suicida.
De los archivos llenos de nombres que alguien recuerda o olvida cuando pasa el tiempo, de los ninxos cerrados por albañiles cansados que ocultan secretos encerrados en saquitos pequeños, secretos de familias que viven y respiran y tal vez tienen en su memoria a sus muertos, o los guardan tapaditos en sus corazones, y les acompañan en sus sueños.
Marianas que quedan a la sombra de los cipreses, en los cementerios de pueblos y ciudades, que quizas tendran mas hermanas o hermanos, que jugaran con los juguetes que ellas no pudieron jugar, ositos de peluche que tendran mas suerte que el osito de Mariana que ni tan solo vio una habitacion donde los niños juegan, en el que hubiesen mas juguetes como él, felices esperando juegos y achuchones.
Niños y niñas que no sabran quizas que tuvieron una hermana como Mariana.
Una vez perdi un bebe en mi embarazo, estava de muy pocos meses, y el embarazo no salio adelante, el embrion no crecia dentro de la bolsa de la matriz,
No considere oportuno contarselo a mi hijo que entonces era tambien muy pequeño, y tras un ingreso de un dia y un raspado volvi a casa nueva pero sin bebe.
Entonces no sabia que podian haber bebes como la nena ( nombre que le puse desde que la vi), que daban tanto dolor, y aunque sufri esa experiencia, y me atormente con mil preguntas, no llegue a comprender nada.
Antes de verla.
Ahora algo me decia que Mariana junto con todos los bebes que no vivieron cuidaba de los bebes con firmeza, y los protegia del mundo, sin importarle ser olvidada, y ahí quedaba yo para saberlo, para contarlo, fuese o no cierto.
Y alla marchaba ella a realizar la tarea.
Me despedi, ( no se cuantos minutos pasaron mientras pense tantas cosas) y le desee buen viaje, era lo menos que podia hacer por ella.
Pase el resto de la mañana saludando la entrada a parientes y conocidos que acudian a su sala a dar el pesame a sus padres, su madre lloraba su desconsuelo, su padre afrontaba el timon del navio perdido con seriedad y tristeza.
Y yo inquieta queria volver a verla sin razon.
Antes de marcharme, aprovechando que habia salido toda la familia a comer, antes de las cuatro ( hora del entierro), entré de nuevo con el corazon encogido, para decirle adios,
Estaba como la habia dejado, solo que con mas flores, mi clavel quedaba todavia, pero habia tambien rosas de color rosa en un jarron, y un cesto de mimbre con flores silvestres.
Le lance un beso desde la palma de mi mano, y mire .. en el interior, alguien que no habia sido yo le habia puesto caramelos, alguien no de la familia( que no sabian abrir la nevera, ni tenian permiso para hacerlo) sino alguien del personal que en silencio, habia descubierto el sueño de los cien años que dormia Mariana, e incapaz de despertarla, sin decir nada a nadie, le habia dado caramelos como se le dan a los niños para hacerlos felices, alguien que quizas, la habia vestido, y colocado en su cajita blanca, y no habia podido olvidarse de ella, ni queriendo, a su pesar.
Quizas en otros lugares morian bebes que como la nena, tenian apenas unos dias, en calles, en hospitales, en cabañas, en casas, y no todos tendrian caramelos y flores,ni nombre para alguien.